Valorización energética de los residuos: ventajas y desventajas.

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Introducción términos
Tal vez el término de valorización energética de los residuos no nos sea especialmente familiar, pero si añadimos que la incineración es su principal exponente puede que nos vayamos situando. Así, la valorización energética es cualquier operación que use los residuos como combustible o de otros modos para producir energía.

Polémica
En España la incineración ha sido, es y sigue siendo muy contestada. La posición generalizada entre los detractores es que quemar basuras contamina y contribuye al cambio climático, y que por lo tanto no es una buena solución para gestionar los residuos generados. Es cierto que entre los sectores críticos hay quien piensa que la basura solo se quema, es decir que no se aprovecha, y que pueden en consecuencia hasta verlo peor que un vertedero. Pero incluso entre los que saben que, al valorizar los residuos energéticamente, se logra una gestión de los residuos mucho más respetuosa con el medio ambiente que en el caso de los vertederos, sigue habiendo gran controversia.

La realidad es que seguimos generando basura y es necesario tratarla, además de intentar minimizarla.

Y es que vivimos en una sociedad civil, por fortuna, concienciada con el medio ambiente. Y ésta en buena parte defiende que no se debería llegar a valorizar energéticamente, sino que todo debería reciclarse o compostarse, a lo que se suma la percepción de que la energía que se genera no es tan limpia, porque las energías renovables libres de CO2 son el futuro. Y en el fondo, estos argumentos son del todo ciertos. Es verdad que el reciclaje es mejor, en la mayoría de los casos, que la valorización energética y que la apuesta de futuro debe ser hacia unas energías renovables, o cuanto menos, sin emisiones de gases contaminantes.

Jerarquía de tratamiento
Sin embargo, aunque las intenciones y argumentos son válidos, la oposición absoluta e inamovible contra las plantas de valorización energética (sobre todo en entrada en la incineración) no deja de ser miope. Y es importante entender que, siempre que esta operación se encuentre dentro de la cadena y jerarquía de residuos, este proceso puede resultar positivo.

¿Y cuál es esta jerarquía? Pues bien, la unión europea ya la tiene definida, y muestra las prioridades de actuación a la hora de tratar con los residuos. En ésta, el primer paso debe ser siempre tratar de prevenir al máximo la generación de residuos, seguido, en este orden, de la reutilización de estos, su reciclado, otros tipos de valorización (sobre todo energética y compostaje), y por último su eliminación o depósito en vertederos. Así la valorización energética no deberá ir en detrimento de los esfuerzos superiores (prevención, reutilización y reciclaje).

Pirámide de valorización

El caso de España: ¿incinerar o no incinerar?
Por tanto visto que en un país que cumpliese el paradigma de buena gestión de residuos, la valorización energética es un tratamiento en la fase final, cuando ya se ha recuperado todo lo que se puede recuperar, y solo como último paso antes de pasar a la eliminación final. ¿Pero es ese nuestro caso?

En la siguiente gráfica se muestra la situación por países de la Unión Europea.

Residuo Municipal Tratado en 2008
Residuo Municipal Tratado en 2008
(leyenda en castellano: reciclaje | compostaje | incineración | vertedero)
Fuente: Eurostat

Como podemos ver, España es de los países de la UE que menos incinera. Y este dato aislado podría parecer positivo, pero si se contextualiza, nos pone a la cola de los países más desarrollados del entorno. Porque incineramos de los que menos, pero tenemos de los que más vertederos que suponen un 57% de nuestras basuras. Y como hemos dicho antes, éstos son mucho más contaminantes (por los gases que emite la basura al descomponerse), además de ser desaprovechar recursos.

Y es que los referentes, Alemania, Holanda, Suecia, Austria, etc., tienen entre diez y cincuenta veces menos vertederos. ¿Y cómo lo consiguen? Por supuesto, reciclan más que nosotros, pero la principal diferencia es que tienen políticas activas de valorización energética de recursos.

Otra de las preocupaciones contra la incineración es que es un método no libre de emisiones. Pero es que paradójicamente, mientras no tengamos un mix totalmente libre de emisiones (lo que incluye eólica, solar, hidráulica y nuclear), esto ayuda a reducir las emisiones emitidas en la generación de energía. Y es que tal y como se puede ver en el gráfico, en la actualidad aproximadamente un 40% de la electricidad española sale de fuentes fósiles, por lo que estas plantas incineradoras vendrían a sustituir por ejemplo plantas térmicas de carbón, que contaminan más por kWh generado (sobre todo debido a las estrictas medidas de seguridad que tienen por ley las incineradoras). Es decir, no solo se reducirían emisiones al ser una alternativa mejor a los vertederos, sino que supondría también reducir la contaminación en el tema de la generación eléctrica.

Generación eléctrica en España (2014)
Generación eléctrica en España (2014)

Por lo tanto, en nuestro país, hasta que la proporción de vertederos no se iguale a la de estos países, y nuestro mix eléctrico no se libre de las fuentes fósiles, oponerse a la incineración no solo supone de facto un perjuicio para la salud y el medio ambiente, sino que supone un desaprovechamiento de los recursos disponibles (en efecto, aumentar la incineración nos haría menos dependientes de fuentes fósiles exteriores, mejorando nuestra balanza comercial).

Conclusión
Por supuesto, el mejor residuo es aquel que no existe y que, por tanto, no necesita ser tratado o eliminado. Pero la realidad es que seguimos generando basura y es necesario tratarla, además de intentar minimizarla. Y una vez generado, el paso dentro de la cadena referente a la valorización energética es una operación necesaria que optimiza esta gestión.

Y es que tal vez sea hora de dejar atrás los prejuicios, valorar esta herramienta en su justa medida y ponernos al nivel de Europa para dejar atrás los vertederos y mejorar nuestros sistemas integrados de tratamiento de residuos.

Pablo Rodríguez
Universidad de Deusto

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