La revolución 3D

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Entró en nuestras vidas siendo un simple juguete caro, un invento que nos hacía soñar con crear lo inimaginable pero limitado a unos cuantos privilegiados con la afición y el dinero suficientes. Pero, como vamos a explicar en los siguientes párrafos, hemos recorrido un largo camino desde entonces.

Lo cierto es que la impresión 3D nació mucho antes de que oyéramos hablar de ella, allá por el 1983. Chuck Hull trabajaba en una empresa que empleaba la luz ultravioleta para hacer revestimientos de mesas cuando se le ocurrió que podía fabricar los modelos hechos a ordenador rápidamente. Semanas más tarde, consiguió lo que se proponía: un fotoplástico que se solidificaba al contacto con la luz ultravioleta. Pero este invento genial era caro, por lo que estaba limitado a las grandes empresas.

El 3D ha revolucionado la industria en general porque ha dejado atrás los métodos tradicionales de producción.

Fue en el año 2007 cuando un grupo de investigadores ingleses decidió reinventar la impresora 3D. Su objetivo principal era abaratar costes para hacerla accesible al público general, y lo consiguieron. Siguiendo con ese mismo principio, publicaron en internet una guía explicando cómo fabricar tu propia impresora. Y fue entonces cuando empezamos a conocerla, y lo que es más importante, cuando llegó por fin al alcance de todo tipo de empresas.

En industria aeroespacial las piezas podrían fabricarse directamente en el espacio.

Su omnipresencia ha hecho que se desarrolle rápidamente en diversos campos, como la industria aeroespacial, la medicina o la arquitectura, entre otros.

Así la impresión 3D ha revolucionado la industria en general porque ha dejado atrás los métodos tradicionales de producción. No solo permite introducir cambios rápidamente en el diseño de un objeto, pues se fabrica directamente sin depender de moldes o utensilios, sino que abre las puertas a la fabricación de objetos que antes nos era imposible (o demasiado costoso) producir debido a su geometría entre otros.

Diseño 3D. Fuente: guerra-creativa.com

En el campo de la industria aeroespacial, la impresión 3D tiene varias vertientes. Por un lado, puede abaratar costes de manera drástica, pues las piezas podrían fabricarse directamente en el espacio: la Estación Espacial Internacional prevé instalar una impresora 3D para así poder fabricar recambios, herramientas y estructuras sin necesidad de enviarlos desde la Tierra. Y, aún si las piezas se fabrican en la Tierra, este método permitiría una optimización de la cantidad de material y del peso, lo que nos lleva a una disminución del coste que supone enviar piezas al espacio. Por otro lado, no es fácil cubrir cada una de las necesidades de las misiones espaciales. Una impresora 3D daría a los astronautas la posibilidad de fabricar los componentes cómo y cuando los necesiten.

En el dominio de la medicina, las aplicaciones van desde prótesis externas a medida hasta impresión de células vivas para trasplantar al paciente. Huesos, vasos sanguíneos, piel o células madre ya son fabricados hoy en día, pero la medicina va más allá y ya no se contenta con sustituir el tejido perdido. Ahora también se mejora, como es el caso de la oreja biónica, un conjunto de células y circuitos electrónicos que permiten al paciente escuchar frecuencias fuera del espectro audible.

Impresión médica 3D. Fuente: impresiontresde.com

Con respecto a la arquitectura, ya están en pie los primeros edificios construidos enteramente por impresión 3D. Sus ventajas: la rapidez y el uso óptimo de los materiales. La compañía China WinSun ha conseguido construir 10 apartamentos en menos de 24 horas a partir de materiales reciclados, ahorrando entre un 30 y un 60% de los desechos de la construcción.

En China, WinSun ha conseguido construir 10 apartamentos en menos de 24 horas a partir de materiales reciclados.

Así pues, vemos que este tipo de fabricación nos abre muchas puertas y algunas ventanas, pero tenemos la esperanza de que aún queda mucho por ver. Y como todo, tiene partes positivas y partes negativas. Dejando de lado los sonados casos de personas que fabrican su propia pistola sin licencia ni control, esta ola de Do It Yourself puede causar un impacto importante sobre la economía, especialmente la de países cuya industria se basa en la producción de juguetes o textiles. También supone una escalada de fuerza en el campo de combate, ya que ofrece la posibilidad de fabricar los recambios directamente, uniformes, piel para los heridos, drones, etc. a un precio más bajo.

La pregunta que se plantea es si sabremos aprovechar de manera razonable las oportunidades que se nos ofrecen.

Ana García
Universidad Politécnica de Madrid

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